Un comentario sobre la estatizacíon de la banca

bervum

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Luego de la derrota electoral del pasado seis de diciembre, la nueva clase política no tuvo más remedio que abrirse al diálogo sobre la rectificación del rumbo revolucionario que se venía pidiendo desde los sectores del chavismo no alineados con el PSUV desde mucho tiempo antes de las elecciones; Incluso, la semana anterior de que se celebrarán las parlamentarias el grupo de los ex ministros de Chávez asomaron entre una serie de propuestas, la estatización de la banca. Esta propuesta no es inédita en latinoamérica, por lo menos en cinco países de esta región se ha intentado realizar con diferentes resultados. Uno de ellos fue el Perú de los ochentas, que con el APRA en el poder desde 1985, el para entonces joven Alan García presidió un gobierno -al contrario del más reciente-  socialdemócrata, que Martín Tanaka calificó “de un voluntarismo exacerbado”, con grandes ambiciones en lo económico que  bajo políticas de concertación con los grandes grupos empresariales peruanos  produjeron dos años de expansión económica que para el inicio de 1987 ya era sal y agua. Es precisamente en el 87 que se va a producir una estatización que sorprendió a tirios y troyanos. Vía cadena presidencial de radio y televisión Garcia anunciaba que no se podían imponer los intereses de 5 banqueros al de todos los peruanos.

Muchos han tildado esta medida de cortina de humo para distraer a los ciudadanos de la crisis desatada por una torpe política económica del gobierno aprista o como una reacción del gobierno de García ante la no inversión de los excedentes que acumularon los grandes empresarios nacionales durante el periodo de  concertación. Lo cierto es que al cabo de seis meses la medida no se había llevado a cabo a su totalidad y tampoco se llevaría a cabo en los años restantes del periodo de Alan García que entregaría la presidencia bajo un marco hiperinflacionario y con el movimiento libertad de vargas llosa capitalizando el miedo y el descontento producto de una iniciativa política improvisada, torpe e inconclusa.

Este tipo de iniciativas ponen a prueba la capacidad política de un gobierno,  ya habiendo dejado pasar la oportunidad histórica de tomar la medida en cuestión con el caso de las casas de bolsas, habría que mejorar mucho en lo comunicacional y esperar que Maduro conquiste una legitimidad que se le hace esquiva desde que asumió, sin reunir las condiciones necesaria para la estatización solo se le estaría haciendo el juego a la derecha.


Jerjes Mariño