Tres décadas en esto

bervum

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Esta semana se cumplen treinta años de haber aparecido mi primer escrito para la prensa y el público.  Comenzó con la invitación que me hizo el para entonces redactor de “El Carabobeño”, Salvador Castillo, para colaborar en su página 4.  Esa suerte de instigación se fue convirtiendo en un reto, pasó a ser un hobby y hoy casi hasta a manía ha llegado.  Debe ser que una pizca de masoquista tengo, porque eso de estar recibiendo semana tras semana mentadas de madre, insultos y amenazas no es muy agradable.  Claro que estos se ven compensados por los correos, guasaps y tuits en los que se concuerda con lo que digo y se me felicita.  Treinta años en los que desde citaciones al Ministerio de la Defensa hasta descarnadas censuras he sufrido.  Pero sigo en eso.  Quiera Dios darme muchos años más sin que me visiten el Herr Alzheimer ni el italiano Franco De Terioro para poder seguir — disgústele a quien le disgustare— diciendo mis verdades, compartiendo lo que conozco, defendiendo algunas causas que a mi manera de ver valen la pena, bajándoles el copete a algunas personas y riéndome de medio mundo, empezando por mí mismo.

 

Los primeros artículos eran —soy el primero en reconocerlo— excesivamente profesorales.  Pero, por ejemplo, algo que escribí en el primero de ellos, “Las causas del delito” traía una aseveración que sigue siendo verdad, y que últimamente ha quedado patente: “Si el sistema judicial falla y no logra sentenciar a los culpables con razonable certeza y celeridad, la espada de la justicia puede perder su filo. Peor aún; si los tribunales no son capaces de separar a los inocentes de los culpables, los inocentes serán penados y los culpables saldrán libres para continuar su carrera delincuencial”.  Eso lo escribí en un tiempo en el cual la mayoría de los jueces eran titulares y sabían de derecho; ahora, cuando casi todos son provisorios, ignaras fichas del PUS, venales y sectarios hasta la cacha, la cosa ha empeorado.  La injusticia campea, pero especialmente en contra de los presos políticos.  Que desde la altura del Poder Judicial se pretenda imponerle a la jueza Afiuni quién va a defenderla, que a Lorent Soleh le hayan aplazado la audiencia preliminar por más de dos años (contrariando la Constitución), que a más de cien de los que protestaron en Oriente los hayan mandado, sin siquiera un fingimiento de juicio a la penitenciaría de San Juan de los Morros son delitos gravísimos por los que esa cúpula parcializada deberá ser imputada cuando Venezuela vuelva a ser un país serio.  Que lo será, haga lo que haga la banda gansteril que en mala hora llegó al poder.

 

Desde el punto de vista egoísta, hasta me convendría que esos hampones, comenzando por el ilegítimo, siguieran desmandando.  Porque se me hace más fácil escribir las 800-900 palabras de cada semana.  No hay que esforzarse mucho para denunciar sus ineptitudes, coimas, trapacerías y chapuzas; son tan abundantes y tan descaradas que aun los rojos tienen que reconocer que son verdad.  Pongo un par de ejemplos al voleo, sin que sean de los más graves, solo recientes.  Uno implica a los perdonavidas que mangonean en altos cargos, se creen intocables y despidieron a cientos de subalternos suyos por el mero ejercicio de un derecho y haber firmado a favor del referéndum revocatorio.  A ellos les sabe a casabe la partecita del Art.145 de “la mejor Constitución del mundo” que explica que el nombramiento o remoción de los funcionarios “NO podrán estar determinados por la afiliación u orientación política”.  El otro es el de la dizque “juez” carabobeña que tiene el tupé de prohibir a tres diputados mencionar a alguien que es sospechoso —porque hay numerosos indicios en su contra— de delitos contra la cosa pública.  ¿Será que no ha leído el Art. 200 que dispone que los diputados gozan de inmunidad? ¿Ni el 201, que especifica que “…los diputados (…) son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, NO sujetos (…) a mandatos ni instrucciones…”?  ¿Ni el 57 y el 58, que se refieren a la expresión del pensamiento sin censura? ¿Y desde cuando la temática supuestamente infringida cae bajo la esfera del Derecho Civil, que es la materia por la cual debe velar la “juez”?  Provisional, de seguro, como todos ellos…

 

Alguna vez opiné que los mejores gobiernos son los aburridos.  Porque quiere decir que todo discurre normal.  Por el contrario, la vieja maldición china impreca: “¡ojalá vivas en tiempos interesantes!”.  De allí que desee que llegue pronto la normalidad y que esta sea producto de un gobierno que haga bostezar.  Así podré dejar el estilo panfletario y volver a escribir sobre lenguaje, historia y arte, que es lo que me gusta.  Aunque, lo reconozco, me va a tocar volver a aprender el oficio.

 

Treinta años.  Se dice fácil.  Pero qué difícil es conseguir un tema que sea novedoso, un título que sea atrayente y una frase de comienzo que sirvan para enganchar a los lectores cada semana (de seguro que hoy no la logré).  Ojalá el Señor me conceda la dicha de varios años más para poder seguir con la buena fortuna de tenerlos a ustedes como lectores.  ¡Amén!

hacheseijaspe@gmail.com

Humberto Seijas Pittaluga