Primero, usa la cabeza

bervum

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Después es que puedes acometer lo que sea. Lo aprendimos desde muy niños: “primero enciende el cerebro y, solo después pon a funcionar la lengua” fue como nos lo inculcaron nuestros mayores y maestros. El consejo nos cae como de perlas para los días venideros: tenemos hasta el domingo para ejercer la cogitación; ese día, ya con un pensamiento claro de qué es lo que conviene a nuestras regiones, es cuando tú y una gran mayoría de los venezolanos iremos, ordenada y pacíficamente, a usar el dedo. Unos con el índice, porque ese es el que usamos para advertir —en este caso a los capitostes— de que ya estamos hasta la coronilla de sus abusos de poder; otros, con el pulgar porque ese es que empleamos, con la falange hacia el cielo, para significar que todo transcurrirá bien, que hay esperanza de prevalecer; y, la gran mayoría, con el del medio para pintarles sendas palomas a quienes quieren seguir pegados a la teta del poder para continuar con sus latrocinios e ineptitudes hasta terminar de quebrar al país.

En estos días de reflexión varias cosas deberemos tomar en cuenta porque, no lo olvidemos, son elecciones para decidir qué deseamos para los estados de la república donde moramos, donde queremos que tengan éxito nuestros hijos y nietos. En ese sentido, una ponderación pertinente sería: ¿ha sido conveniente para las regiones lo que ha resultado de ese afán centralista que ha sido punto de honor de los manganzones en estos casi diecinueve años? ¡Para nada! Por el contrario, lo que hicieron fue quitarnos lo mucho que se había progresado con la descentralización de competencias. Nos hicieron retrogradar hasta los tiempos en que todo lo decidía Caracas; hasta la cortada del gamelote en los costados de las autopistas. Un burócrata de medio pelo, desde su cubículo en una torre del Centro Simón Bolívar era quien decidía lo que era mejor para los habitantes de Canoabo, Bruzual, o Tunapuicito. Todos los candidatos rojos siguen en ese empeño; sobre todo, porque no fueron escogidos por los electores de los diferentes estados para que los defendieran, sino designados por la nomenklatura para que siguieran doblegando el interés regional ante la conveniencia de la cúpula partidista que nos debilita y arruina desde Caracas.

Pero no solo el pensamiento en nuestros terruños debe ser lo que nos domine. También tenemos que tomar en consideración que todos los ojos del mundo estarán pendientes de estas votaciones. Y a estos no les interesa los resultados de cada estado sino la sumatoria de todos los sufragios en la nación. Cómo es la fotografía del país: ¿los votos son un presagio del rechazo al estado actual de cosas o, por el contrario, la aceptación sumisa de la descarada dominación extranjera, especialmente cubana, en los asuntos nacionales? Y, en ese sentido, es como se acrecienta la estatura del evento que ya tenemos encima. Ese día es cuando le diremos a nuestros paisanos, al régimen y al mundo entero que, a pesar de las trapacerías de los comanditarios rojos, los venezolanos estamos dispuestos a regresar al concierto de las naciones civilizadas, a las que creen en la separación de poderes, en la responsabilidad administrativa y el principio de que a cada ciudadano le corresponde un voto y solo uno.

Y, ya que mencionamos la soga en la casa del ahorcado, habrá que hacer énfasis en que, no solo basta con emplear el dedo para presionar el pulsador de la máquina; que tan importante es ese acto como el de permanecer en los centros de votación después del cierre y durante los escrutinios, totalización y elaboración de las actas. Porque, con las “honorables damas” del CNE que dirige Jorgito Audi Rodríguez, uno tiene que estar con ojo zahorí. Y porque los rojos son malos perdedores. Las más de las veces actúan tipo Jalisco: “que cuando pierde, arrebata”. En todo caso, mantener en la mente aquella cuña que exhortaba: “¡Guillo, que hay mucho pillo!”

Hablando de pillerías, la más reciente en ese contubernio del Tribunal de la Suprema Injusticia con el régimen, contrariando los presentes jurídicos, la doctrina judicial y hasta la sensatez, le acaban de dar la razón a las cuatro arpías e impidieron que quienes no ganaron en las primarias fuesen borrados del tarjetón. Sus fotos, nombres y distintivos partidistas todavía contaminan la pantalla. Y estarán frente a los votantes el día comicial. La idea es confundir a los electores. Y algo lograrán, pero no como para impedir la avalancha que se les viene encima. Lo que deben hacer los candidatos que perdieron en las primarias es aparecer dando declaraciones inequívocas estimulando a votar por quien quedó. Deben entender que eso no demeritará su valor; por el contrario, los hará ver más demócratas. En fin de cuentas, desde hace años, en Venezuela no se vota “por” sino “en contra”.

Y, por último, al ponderar por qué ir a sufragar este domingo, no olvidemos las palabras recientes del padre Ugalde: “La masiva votación del 15 de octubre será un paso adelante para obligar a la salida democrática del gobierno dictatorial”.

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Humberto Seijas Pittaluga