Para el venezolano que se queda

bervum

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“¿Hasta cuándo va a durar esto?”, piensa María Elena en el insomnio sin agua de las 3 de la madrugada, le dice Gustavo  al compañero desanimado en el trabajo o le grita uno mismo al televisor cuando debuta Maduro. Y la verdad es que no lo sabemos y por eso mismo la desesperación aumenta con cada hora que pasa, con cada reporte que viene y agrega otra cifra a la ya desesperante inflación de tres dígitos y que de paso, se hermana con la de la escasez o con el asfixiante número de la inseguridad. “¿Dónde quedó el país rico y de oportunidades, Venezuela?”, le preguntamos a la taza de café –si es que hay- en las mañanas.

Ahora mismo estamos viviendo la crisis más dura que ha enfrentado el país en su historia contemporánea y a estas alturas ya nos dimos cuenta que ser los protagonistas de esta novela es un papel que ninguno quiere. En un contexto económico en el que Maiquetía parece ser el único camino para los que quieren futuro, quedarse en el país se ha vuelto casi un acto de rebeldía frente a la lluvia de compatriotas que abandonan el barco y persiguen la promesa de un mañana mejor en otra tierra que no sea ésta, tan seca, tan infértil.

Y, sin embargo, en este panorama tan desolador todavía hay algunos que insisten en quedarse en la cubierta ajustando las velas y tratando de achicar el agua salada que curte las tablas de esta nave porque saben o intuyen, que de esta tormenta salimos tal como salieron otros. Y aquí recordamos por qué de todos los males que nos acechan como venezolanos, nuestra pésima memoria histórica es uno de los peores.

Esta crisis que ha hecho estragos en nuestra política, economía y sociedad es ciertamente terrible pero no por eso nos hace especiales; en el 2007 España empezó un profundo declive económico que llevó al país a adoptar una serie de medidas que lo convulsionaron y llevaron a un estado crítico del que todavía lucha por salir. Esta gran nación que ya cuenta en su extensa historia con una guerra civil y una de las dictaduras modernas más célebres de los últimos tiempos, en solo cinco años pasó de ser una fuente de trabajo para toda Hispanoamérica a tener una cifra de desempleo que rondaba los 6 millones de personas y que además, llamó a una reestructuración urgente de gobierno y sociedad.

En la Argentina del ’99 los ciudadanos vieron incrédulos como los ahorros de su vida se desvanecían en lo que se denominó â€œla mayor crisis económica de la historia argentina”  o como lo llamaron los medios, el “Corralito”, un período en el que las manifestaciones, represiones e inestabilidad política trajeron consecuencias que acecharon al país por más de una década luego de ocurrido. Estados Unidos, ese faro aparentemente brillante y visible desde todos los mares, cuenta en su haber con al menos 11 grandes crisis económicas que redefinieron al país y que superaron a través de medidas estrictas y una población trabajadora, fiel a sus orígenes protestantes.

Estos tres países de los muchos que hoy abren sus puertas a una avalancha de venezolanos cansados de la incertidumbre de estas aguas caribeñas, también (¡por supuesto que también!) y como tantos otros han vivido terribles momentos de desesperación, muertes penosas y necesarios cambios que han modificado el país y su historia pero que todos –y esto es lo más importante- han superado gracias al trabajo, empeño y la lucha a pulso de los que se quedaron porque un país no se recibe sino que se trabaja y se construye. Y como ellos, si con algo positivo podemos salir de este pavoroso momento histórico que sea con una identidad nacional más fuerte.

¿Pero qué significa esto para una persona que no tiene agua desde hace una semana, a la que el sueldo no le alcanza y para la que el pan está a dos días de ser un lujo?  Y, ¿no son acaso palabras vacías frente a la impotencia que da ver cómo los que proclamaban ser defensores de la patria la saquean y además se llevan a sus hijos lejos para protegerlos de lo que se viene? ¿Y por el que se queda qué? , ¿Quién vela por ese?

Esta es la parte en que esas palabras se llenan de significado porque por ti que te quedas, velamos todos porque todos estamos en esto. El señor del kiosko siente lo mismo que tú sientes cuando Diosdado llega a la Asamblea en tres camionetas blindadas del año, la vecina del 1-A se indigna con cada palabra de Maduro, en Guárico también están molestos porque no hay comida y en Tucupita también llevan bañándose con un tobo desde hace meses. Todos estamos juntos en esto y aunque estemos cansados sabemos que vale la pena seguir la lucha, sobre todo ahora que estamos tan cerca de salvar el barco.

Y vale la pena porque Venezuela es un país tan bondadoso que aún plena sequía viste de flores los árboles, es uno en el que la gente sufre los mismos problemas que tú y en el no tienes que fingir que te importan los de otros con los que no tienes ni una letra del himno en común. Acá la gente baila salsa y hace ollas desde 6to grado y ¡tiene ritmo!; acá todos sabemos dónde queda Plaza Las Américas y la redoma de Petare, donde se toman las mejores cocadas y se comen las más ricas cachapas, acá entendemos el valor de una empanada operada frente a la playa o de los tequeños en las mil bodas de mil horas locas de los mil amigos; acá todos decimos las mismas palabras con distintos acentos pero que significan lo mismo y somos dulces pero no pendejos; acá sabemos que somos malos en fútbol pero le vamos a seguir echando pierna porque no nos cansamos. Somos necios, tercos, nos gusta tener la razón y nos gusta hacerlo saber. No nos callamos, chalequeamos, nos reímos, sufrimos, abrazamos en público y llamamos mucho a nuestra mamá, acá los amigos son hermanos de verdad y acá lo que pase, bueno o malo, se sufre o celebra juntos porque así somos los venezolanos.

A ti que te quedas no te canses, que todos estamos en esto y el día en que pase vamos a salir todos a la calle del Cafetal, del Paraíso, de Propatria, de Guarenas, de Maracaibo, de todas partes a celebrarlo en la fiesta más grande de nuestra historia porque nos los ganamos. Porque nos quedamos y fuimos nosotros los que rescataron el país de las oportunidades que veíamos perdido en el fondo del café.

(***además, ten muy en cuenta que tú a través de tu trabajo diario, de tu seguir echándole pichón estás construyendo lo que ellos destruyeron y por tanto, tú, nosotros, nos ganamos con sudor el ser venezolanos mientras que ellos que nos ven con temor desde sus tambaleantes cúpulas usaron la excusa de la patria como el más vil de los eslóganes, no son hijos de nadie, no tienen hogar porque lo corrompieron y por tanto ellos no son venezolanos).

@teatilano

Andrea Atilano