Mentiras al voleo…

bervum

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La cola de viejitos en la puerta de uno de los bancos del régimen era inmensa. Yo soy viejo, pero estos me sobrepasaban por mucho. Al preguntar por qué no entraban, una señora me dijo que dejaban entrar sin hacer cola solo a los que iban a depositar, y que cuando ya el banco tenía en caja suficiente dinero, era cuando dejaban entrar de a dos o tres. Un ochentón añadió “Y eso, para sacar solo 10 mil”. Y terció otra señora: “Y lo que entregan son solo billetes pequeños, de diez y de veinte”. Ni corto ni perezoso, me puse a sembrar cizaña: dije en tono más alto: “Pero nuestro querido presidente hace poco dijo por cadena televisiva que a los de la tercera edad les dieran todo lo que necesitaran y en billetes de a cien”. El escándalo que levantaron todos los valetudinarios fue de órdago: mentadas de madre para el ilegítimo, denuestos contra el régimen ladrón que los tiene pasando hambre y haciendo colas, y por ahí te vas, Tomás. Yo, ya realizada mi buena acción del día, hecho el loco, tomé las de Villadiego.
Como esa, son miles las cobas que ha intentado meternos el nortesantandereano. Para nada, tiempo y saliva perdidos por él, porque ya todo el mundo sabe lo falaz que es. En él se cumple aquello del padre Feijoo: “Un mentiroso es indigno de toda sociedad humana; es un alevoso que traidoramente se aprovecha de la fe de los demás para engañarlos (…) ¿Qué falta, pues a ese hombre para merecer que los demás le descarten como trasto vil de corrillos, inmundo ensuciador de conversaciones y detestable falsario de noticias?”
Pero si fuera él solo sería soportable; el asunto es que todos ellos están en la misma tónica. Aristóbulo, por ejemplo, con su cara muy lavada, hace un par de meses le dijo a José Temiente —el mascalacachimba del pobrediablismo nacional—: “Estoy convencido que este diciembre va a ser uno de los mejores que haya tenido el país”. Delcy Eloína, otra cobera compulsiva, no se para en tiquismiquis ni en las Naciones Unidas. Allí dijo que, en materia de derechos humanos, “los logros y avances son innegables (…) en Venezuela, pues el Estado ha garantizado el desarrollo en materia educativa, de salud, vivienda, alimentación y la inclusión política”. ¡’na guará! Debe ser que la mentira está en los genes de esa familia, porque su hermano, Jorgito “Audi” Rodríguez, —para ponerse más en la buena con la pareja que baila salsa mientras el país se cae en pedazos— se emparejó con Pedro Carroña para defender a los narcosobrinos: “No hay absolutamente ningún móvil de ningún crimen, como no sea el crimen del secuestro perpetrado en contra de estos dos jóvenes”. Pero eso no es lo que fue demostrado ante un jurado que había sido aceptado por los caros abogados que los defendieron por cuenta de un corrupto (inmediatamente premiado por Pdvsa). Unánimemente, en menos de seis horas, los encontraron culpables… Para no fastidiar, aunque sobran los coberos enchufados, dejo solo un ejemplo más: Héctor Rodríguez dijo, por Unión Radio, recientemente: “Creo que el chavismo ha ido creciendo (…) Hay una mayor presencia del chavismo en la calle”. Menos mal que “deseos no empreñan”. Hoy, los que se ponen franelas rojas, si no reciben su buena paga, no se suben en los autobuses…
Venezuela entera —incluidos hasta los hasta ayer ciegos voluntarios— sabe al dedillo que este régimen lo único que hace eficientemente (además de robarse el erario) es decir mentiras y prometer. Pero aquello que le sirvió tanto al muerto viviente de disparar patrañas, fábulas, faramallas, desde la cintura, al voleo, ya no sirve más. El pueblo ya no canta aquello de: “Miénteme más, que me hace tu maldad feliz”… ¡Ni de vainas!
Darrel Huff, el profesor de Estadísticas que me tocó en Northwestwern escribió un libro, “How to Lie with Statistics”, en el cual recomendaba a la gente que mirara con ojo zahorí lo que le presentaran. Y sugería algunas preguntas que uno debía hacerse: ¿quién lo dice?, ¿cómo lo supo?, ¿qué falta en su presentación?, ¿me cambió el tema? y ¿tiene sentido lo que dice? Por falta de espacio no abundo en explicaciones de esas interrogantes, pero creo que pueden ser materia para un próximo artículo. No obstante, no está demás que seamos perspicaces cuando especímenes como los mencionados más arriba —y otros como el capitán Hallaca (verde por fuera, guiso por dentro), “la vampira” Faría y el turquito Tarek— aparezcan en las pantallas o en los titulares. Con ellos nunca puede perderse de vista el viejo dicho: “¡Guillo, que hay mucho pillo!”
No estaría de más terminar con alguna solemnidad lo que comenzó con tono chocarrero. Por ejemplo, con algo de lo que le decía Aristóteles a su hijo Nicómano: “Como la mentira en sí es reprensible y mala, y la verdad, por lo contrario, es bella y digna de alabanza, se sigue que el hombre verídico, que se mantiene en el justo medio, es laudable, y que los que mienten en un sentido o en otro, son reprensibles, (…) el que sin ningún motivo exagera las cosas en provecho propio, puede pasar por vicioso; porque si no lo fuese, no se complacería en la mentira. (…) Cuando se miente (…) por el dinero o una cosa de este género, este se deshonra más gravemente. (…) miente porque espera con esto alcanzar nombradía o provecho. (…) De esta clase son las condiciones que frecuentemente se atribuyen los charlatanes; porque a ello los arrastran los motivos que acabamos de decir. (…) El castigo del mentiroso es no ser creído aun cuando diga la verdad”.

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Humberto Seijas Pittaluga