La navaja de Ockham

bervum

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Se me hace que antes de entrar en el tema, y en aras de quienes no se beneficiaron de tener Filosofía entre sus materias de bachillerato, debo hacer una explicación sobre esta navaja (muy distinta a la que llevaba aquel Pedro que descubrió que “sorpresas te da la vida”).

 

William Ockham fue un franciscano inglés de comienzos del siglo XIV que se ganó el reconocimiento de sus contemporáneos por la claridad lógica con la que destruía las argumentaciones de moda en esa era obscurantista.  Tal virtud suya hizo que jerarcas de la Iglesia, menos doctos, pero con mitra, lo acusaran de herejía ante el papa Juan XXII y este lo llamara a rendir cuentas.  Ockham huyó hacia Alemania y, con sólidas argumentaciones, acusó al Papa de más de sesenta errores y siete herejías.  Así de atravesado era el tipo. 

 

En una de sus múltiples lecciones, explicó que: pluralitas non est ponenda sine necessitate; o sea, que si no es necesario, no debe más razones que las esenciales; que mientras más sencillas sean las premisas de un raciocinio, más verosímil será este; que, en igualdad de condiciones, la explicación más natural debiera ser la más probable.  Los gringos resumen estas enseñanzas con un acrónimo: “kiss”: “keep it simple, stupid!”.  Esta doctrina es la que ha llegado a ser conocida con el nombre que sirve de título hoy; porque es algo que sirve para cortar lo superfluo y lo inútil.  Esa línea de razonamiento es la que ha llevado desde muy encumbradas eminencias médicas a simples investigadores policiales a descubrir la verdad en los casos que deben resolver.

 

Aclarado esto, entremos en lo que quiero comentar hoy.  Que, necesariamente, tiene que ver con lo que estamos observando con espanto y consternación en estos días: las decisiones de Tibi y las otras tres arpías —con la asesoría de la mente malvada de Jorgito “Audi Rodríguez—, interpretando a su buen saber y entender cosas que no dicen ni la Constitución ni las normas específicas de la materia.  El único fin: intentar impedir o retrasar la fecha del referendo revocatorio.  Veamos:

 

Primero está lo del uno por ciento de las firmas.  Eso no aparece sino en una medida sobrevenida e inventada por ellas. El Art. 72 de la Constitución exige “un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos” para revocar un mandato, el de quien sea.  Ellas sabían que el número de 194 mil que inventaron iba a ser superado ampliamente, pero como su objetivo era procrastinar, concibieron otros palos más para meter entre las ruedas de la carreta: si se firmó en un estado distinto a donde se vota, se invalida la firma.  También algo sobrevenido, e ilegal porque si seguimos leyendo el artículo mencionado antes, encontramos que los electores deben estar “inscritos en la correspondiente circunscripción”.  O sea, si se desea revocar el mandato de un alcalde, los votantes deben estar registrados en ese municipio; si es a un gobernador, pues en ese estado.  ¡Pero lo que se quiere es salir del ilegítimo; por tanto, la circunscripción es Venezuela entera!

 

Después está otro más que puede descorazonar a algunos: solo se podrá ratificar las firmas en las sedes regionales del CNE en las capitales de estado.  Vale decir, que quien firmó en Santa Elena de Uairén tendrá que viajar a Ciudad Bolívar, y los que lo hicieron en pueblos del sur de Amazonas tendrán que coger lancha por dos o tres ríos hasta llegar a Puerto Ayacucho. El que lo haga desde San Carlos tendrá que navegar por el Negro, el caño Casiquiare, el Atabapo y el Orinoco para ratificar.  ¡Pero los decididos lo harán, sin importar distancias, dificultades o amenazas!

 

Y lo de los lapsos.  Ya varios han publicado los cálculos de la velocidad de firma en sus estados; hoy, pongo el mío: en Carabobo, en una sola piche oficina rodeada de “colectivos” gobuerneros armados deberá lograrse que ratifiquen nueve personas ¡por minuto! ¿Son ganas de molestar con “j” o no?

 

Luego, otro invento artero: lo del “arrepentimiento”.  Eso no apareció sino recién.  Lo que se busca es seguir rebanando firmas del total.  Porque, fuertes a lochas, eso va de la mano con amenazas a los empleados públicos que firmaron: “o te arrepientes o te boto”. 

 

Y, unida a las anteriores, la más malévola y alevosa de todas: según las pérfidas, si en un solo estado falta la ratificación de una sola firma, ¡pues no hay revocatorio!  Tal disposición no aparece en ningún texto legal vigente; solo en la artería de hace pocos días.  Por tanto, también sobrevenida.

 

Y aquí es donde entra Ockham: ¿pudiera alguien dudar que la árbitra que pitará el partido, sus linieras y la que sale con el letrerito para informar cuánto tiempo queda usan la camiseta del otro equipo?  Pero ya saltamos al terreno.  Sabemos que en el gramado estaremos 11 contra 15.  Pero todas las tribunas y las graderías están conscientes de eso y nos darán la fuerza, el respaldo y el ánimo para exceder las ventajas y apoyos indebidos que se han arrogado los adversarios.  Por eso, necesitaremos ganar contundentemente.  ¡Y prevaleceremos!

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Humberto Seijas Pittaluga