Ejemplar; el ciudadano

bervum

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Ese ciudadano que no ha sido arrebatado, sigue estando allí. En cada mañana cuando al despertar, se dirige a su trabajo, a su casa de estudios, a su objetivo. Sin que el tráfico lo detenga, sin que ese malestar lo impida, sin que la falta de sueño por las preocupaciones de cómo pagar la cuenta lo contagien para quedarse en casa.

El ciudadano continúa, haciendo lo mejor que sabe hacer, formándose en su profesión y demostrando su destreza. No es uno, ni diez, ni cien. Son millones los que se suman a la construcción de un futuro mejor. Quienes día a día demuestran que ha pesar de cualquier adversidad, son mayores sus ganas de salir adelante. Ese ciudadano es ejemplar.

Son vistos en los semáforos, caminando con prisa, en los vagones del metro, en aquellas paradas de autobuses; en donde quizás con un poco de miedo, siguen presentes en su proceso. Muchos tienen alternativas distintas, pero desean seguir estando allí. Ese es el ciudadano que se debe conquistar. 

¿Cómo conquistarlo?, actualmente pareciera ser una tarea imposible pero no. Basta con ver sus ganas y su valor para invadir otras ganas y otros valores perdidos y darse cuenta que hay maneras que pueden representar una misma idea sólo que esta vez (y como vez primera) con mayor inclusión y con un bien general. No tiene por qué significar hacerlo en otro sentido, lo que si se entiende y se observa es que debe de ocurrir el inicio de esa conquista para que entonces así, se pueda decir que el camino no está perdido.

Son muchas aristas las que se deben de reconquistar, pero ¿por qué no empezar por el bien de la sociedad?, por multiplicar a ese ciudadano ejemplar en otros más que seguramente tendrán mayor capacidad, porque lo que no se puede olvidar es que cuando la cuesta es más inclinada y se llega, ese individuo tiene bastante madera.

Felicidades a todos los ciudadanos ejemplares que hoy continúan apuntados en la carrera. 


Verónica Ponte