Canallada tras canallada...

bervum

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Si hay alguna demostración palpable de que el cargo le quedó inmenso al nortesantandereano es su ya tristemente famosa amenaza a los gobernadores y alcaldes para que firmaran que estaban de acuerdo con el presupuesto que se auto-otorgó saltándose a la torera la letra y el espíritu de la Constitución. Ese mísero intento de chantaje para violar a la macha las sensatas medidas tomadas por el constituyente para salvaguardar el erario lo deja desnudo: no tiene ni la grandeza ni los conocimientos, ni la buena intención que deben adornar a un mandatario. ¿En qué artículo de su muy particular texto constitucional estará eso de que él puede repartir el situado de manera arbitraria, discrecional, inequitativa? Todo el mundo sabe que, aunque grandote por fuera, es un enano dentro de la bóveda craneal y en los sentimientos. No le importa que dejen de funcionar los municipios, que los muchachitos de mueran de hambre, con tal de que se haga su maldita voluntad. Un canalla en toda la extensión del término.   
Luego está esa suerte de carambola con la cual los rojos intentan quitarse de encima la paliza que se les daremos con el revocatorio. Si los resultados de las elecciones legislativas del año pasado fueron muy dicientes, lo que se les viene de cara al futuro es un revolcón de órdago. Ese infame proceso se inicia cuando unos jueces penales —de esos de a locha, de los que están de moda—, actuando en simultáneo, deciden idénticamente en unas causas que no les corresponden porque son de la esfera electoral, y suspende los efectos de las manifestaciones de voluntad que, muy a regañadientes, el CNE había dado por válidas y suficientes para activar lo del 20%. Por más graduados de la Misión Robinson que sean esos “letrados”, tienen que saber que en un juicio penal no se puede sancionar a quienes no han sido imputados de un delito. Entonces, ¿cómo quedamos los que actuamos legalmente para pedir un revocatorio? ¿Es que son tan temerarios como para atreverse a impedirnos, a quienes somos inocentes, el goce de un derecho colectivo garantizado por la Constitución? ¿Pueden, esos jueces tomar decisiones inaudita parte? NO. Pero a ellos les sabe a fruta la legalidad; lo de ellos es obedecer perrunamente. Porque saben que desde el bufete que queda entre Dos Pilitas y Panteón nada les reclamarán, no solo porque también son cómplices sino porque de allá vendrán los “premios” a su diligencia robolucionaria. Son, de la reina del Botox para abajo, canallas por todo el cañón.
Inmediatamente después, aparece el inefable CNE —que, como el perrito de la RCA Victor, oye the master’s voice—, también coordinado por los cerebros malignos que abundan en el PUS, disponiendo la suspensión de los eventos programados para 26, 27 y 28. Alegan, inocentes palomas, que se justifica porque no puede haber manifestaciones de voluntad en 5-6 estados. Con razón las “reptoras” se empeñaron tanto en que el conteo fuese estado por estado y no nacional como era lo sensato y legal. Y después niegan que usan la camiseta del otro equipo. Canallas las cuatro…
Han hecho de todo para impedir lo que sería el comienzo de su ruina. Al tener que entregar el poder, ya no podrán seguir enriqueciéndose por los latrocinios que cometen contra el erario. Meten y meten palos entre las ruedas de la carreta. Para nada: los hemos superado todos, desde la ruin colocación de más máquinas en sitios inaccesibles que en las ciudades, pasando por los cierres de vías que iban, casualmente, “a ser reparadas en esos días”, y llegando las instrucciones presumiblemente giradas a los miembros de los cuerpos uniformados para hacerse los locos mientras —delante de ellos— bandas de malvivientes, impunemente, atacaban y causaban lesiones a las personas y daños a los vehículos de quienes intentaban hacer uso de su derecho. Canallas en toda la línea, de arriba abajo, toditos…
Ya llevan más de seis meses con la solicitud del revocatorio y todavía no vamos ni por la mitad del camino. Procrastinan hasta lo indecible. No solo se toman el máximo tiempo permitido para cada procedimiento, sino que más de una vez han sobrepasado por semanas enteras el lapso que prescribe la norma. Pero cuando ya no pudieron ocultar más la muerte del pitecántropo barinés, montaron en menos de un mes unas elecciones para que el heredero —que tenía varios impedimentos legales para ser candidato (dos nacionalidades, no se separó del cargo, etc.)— fuese elegido. También pudieron revisar en un abrir y cerrar de ojos los dizque 10 millones de firmas que recogieron (sin testigos y sin normas) contra el decreto de Obama. Entonces, ¿por qué se demoraron tanto para verificar lo que unos empleados de ellos hicieron con máquinas de ellos. Canallas, canallas…
Y ni con eso podrán prevalecer. Ya no podrán lograr sus intenciones de imponer el fascismo. Hoy, solo unas centenas de fanáticos que cobran sueldos y que están dotados con armas y vehículos oficiales, unos puñitos de áulicos comprados con bolsas CLAP, y una cuerda de inanes poco ilustrados que siguen creyendo en las promesas que no les han cumplido en 18 años son los que los siguen. Solo estos últimos no son canallas; son unos pobres diablos…
Debieron leer el discurso de Richard Ford al recibir recientemente el premio Princesa de Asturias a las letras: “Si pudiera, rescataría lo que entendemos por política y restauraría el valor de esta palabra; me cercioraría de que evocara la necesidad de una respuesta imaginativa que nos hiciera recuperar la capacidad de vivir juntos, y de que la política no acabara siendo (…) sinónimo de egoísmo, cinismo, engaño y despropósito. Sinónimo de infortunio”…

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Humberto Seijas Pittaluga