Ruanda en su laberinto: ¿sumida en la trampa de Paul Kagame?

Por: Nelcy González Patiño @Nel1122

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El 4 de agosto de 2017 se realizaron las elecciones en Ruanda en las que el actual presidente, Paul Kagame, aspiraba a su tercer período presidencial formal. No hubo sorpresas. El ex militar tutsi logró renovar su condición de primer mandatario hasta el 2024, en el país de África Oriental que en 1994 fue escenario de un baño de sangre, capaz de catapultar al poder a Kagame, quien lo ha ejercido con Washignton como su patrocinante. ¿Cuáles son los mitos que rodean a Ruanda y a la figura de Kagame?

A primera vista, Ruanda cuenta con un presidente extraordinario. ¡Claro! No en vano, ha sido reelegido para su tercer mandato, luego de obtener casi el 98% de los votos favorables, frente a sus contrincantes: el candidato de oposición Frank Habineza, del Partido Verde Democrático de Ruanda (DGPR) y el independiente, Philippe Mpayimana. De esta manera, Kagame ha sumado la voluntad de 5,4 millones de personas para el Frente Patriótico Ruandés (FPR), con la participación de un 97% de los 6,9 millones de electores que estaban convocados a las urnas.

En el año 2003, cuando se celebraron las primeras elecciones presidenciales en Ruanda, después del genocidio, Paul Kagame, inició su racha de triunfos al obtener el 95,05%, de los casi 4 millones de electores convocados. Sus rivales, Faustin Twagiramungu, logró un 3,62% de los votos y el tercer aspirante, Nepomuscene Nayinzira, un 1,33%. Acto seguido, en el año 2010, Kagame salió victorioso en los comicios con el 93% de los votos. Cinco años después, el 98% del pueblo ruandés lo apoyó en un referéndum para modificar la Constitución y así, logró derrumbar el obstáculo de dos mandatos presidenciales: Kagame tiene la posibilidad de gobernar hasta el año 2034. ¡Kagame invictus! Un momento...si nos detenemos a profundizar en la realidad de este país de África ecuatorial, más allá de sus rascacielos y los cantos de sirena de desarrollo: ¿cuáles han sido los caminos de Ruanda?

Ruanda en retrospectiva

A finales del siglo XIX, "La tierra de las mil colinas" fue colonizada por los alemanes y pasó a formar parte de la colonia del África Oriental Alemana. Cuando en la I Guerra Mundial los alemanes fueron derrotados, el entonces territorio de Ruanda-Urundi quedó en manos de la administración belga, bajo el mandado de la Liga de las Naciones. La periodista estadounidense Ann Garrison, en su artículo Ruanda, la dinastía Clinton y el caso del doctor Léopold Munyakazi, explica que antes de esta colonización: "los tutsis eran una clase dirigente feudal y ganadera, los hutu eran una clase campesina servil. Los colonos belgas reificaron esta división mediante la emisión de tarjetas de identificación que etiquetaron a ruandeses y burundeses como hutus, tutsis o twas [el 1% de la población]."

Los tutsis solicitaron su autonomía y luego su independencia que fue concedida en 1962, con una condición: el gobierno debía ser electo de forma democrática por toda la población. Así, la hegemonía política de los tutsis migró a los hutus, grupo mayoritario.

En 1973, el general Juvenal Habyarimana irrumpe en el escenario ruandés con un golpe de estado. Bajo su mandato, Ruanda alcanzó estabilidad política hasta 1990. Justo ese año, el Frente Patriótico Ruandés, conformado en su mayoría por tutsis, emprendió una invasión desde Uganda. ¿Quién lideraba esta ofensiva? Nada más y nada menos que Paul Kagame. El ataque no tuvo éxito y se logró un acuerdo final de paz en el año 1993. ¿Realmente fracasó? Volveremos sobre este punto.


Para no hacer este relato demasiado extenso, llegamos a 1994, cuando se produjo la matanza entre hutus y tutsis. Ante esta situación, el Frente Patriótico Ruandés (FPR) inició una nueva invasión, al tiempo que se producía el desplazamiento masivo de la población a los países vecinos de la República Democrática del Congo y Tanzania.

Después del genocidio, el Frente Patriótico Ruandés (FPR) nombró al hutu Pasteur Bizimungu como presidente de Ruanda, un cargo que ocupó desde el 9 de julio de 1994 hasta el 23 de marzo del año 2000. Por su parte, Paul Kagame fue designado vicepresidente, mientras que Faustin Twagiramungu se convirtió en primer ministro hasta agosto de 1995, cuando fue sustituido y Kagame se mantuvo como segundo al mando en el país africano. En marzo del 2000, Bizimungu pasó a ser el Primer ministro y Kagame el presidente.

Ruanda, que fue objeto del colonialismo y la ocupación, invadió en octubre de 1996 a la República Democrática del Congo -antiguo Zaire-, alegando la intención de detener los ataques de las filas de exiliados hutus. Esta operación de la mano de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación, desató la Primera Guerra del Congo que produjo el derrocamiento de Mobutu Sese Seko. En agosto de 1998, se produjeron enfrentamientos con las tropas ruandesas, a las que se unieron efectivos de Uganda: iniciaba la Segunda Guerra del Congo o La Gran Guerra de África. Detrás de esta maniobra se escondía el propósito de apoderarse de los minerales del país, entre ellos: cobre, cobalto, uranio, diamantes, estaño, manganeso, plomo, zinc y principalmente el coltán.

Detrás del exterminio tutsi: ¿Lucha de clases o mito de la historia oficial?

El relato histórico oficial que se ha difundido al mundo, cuenta que los extremistas hutus masacraron a los tutsis en 100 días. ¿Cuándo inició el genocidio? El derribo de un avión Dassault Falcon 50, el 6 de febrero de 1994, se marca como el punto de partida de la masacre. A bordo de esta aeronave iban el presidente ruandés, Juvenal Habyarimana y el primer mandatario burundés, Cyprien Ntaryamira. A partir de ese día la violencia entre hutus y tutsis no se hizo esperar. Juvenal Habyarimana fue un hutu moderado que logró un apoyo nada despreciable de hutus y tutsis. Este político y militar ruandés se convirtió en presidente el 1 de agosto de 1973. Eso dice la narrativa oficial.


¿Alguna vez ha visto la película Hotel Ruanda? En este film, se cuentan los hechos vividos por Paul Rusesabagina, como gerente de un hotel, durante la guerra civil. Sin embargo, Rusesabagina -el de la vida real- en una entrevista titulada Invocando Ruanda para atacar a Siria denuncia lo siguiente: "ahora la mayor parte del mundo cree que el genocidio desapareció el 4 de julio de 1994, porque el Frente Patriótico Ruandés, los vencedores de la Guerra Civil ruandesa, nos dice que desapareció ese día, pero eso no es cierto. Los homicidios, las masacres, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra se repetían, no sólo en Ruanda, sino también en el Congo."

Rusesabagina denuncia en esta entrevista un hecho conocido pero poco recordado: "detrás de cada dictadura en África y en los países en desarrollo, siempre hay una superpotencia occidental que está manipulando lo que está sucediendo en el terreno." Al considerar esta premisa, se entiende que la guerra civil ruandesa inició en 1990, cuando Paul Kagame, al Frente Patriótico Ruandés, invadió a Ruanda desde Uganda, con apoyo inglés. En ese tiempo, Francia de forma velada, respaldaba al gobierno hutu de Juvenal Habyarimana. ¿Cuál era el propósito estratégico de esta invasión? Se buscaba que Ruanda entrara en El Congo: "La guerra civil ruandesa que terminó en el genocidio era una clase de guerra económica para la abundancia del Congo del este", sostiene Rusesabagina.

El economista y escritor canadiense, Michel Chossudoscsky, coincide con esta versión de los hechos e incorpora a un importante agente. En su artículo Estados Unidos estuvo detrás del genocidio ruandés, Chossudoscsky indica que: "La guerra civil en Ruanda fue una lucha brutal por el poder político entre el gobierno de Habyarimana, liderado por los hutu, apoyado por Francia y el Frente Patriótico Ruandés (FPR) tutsi, respaldado financieramente y militarmente por Washington. Las rivalidades étnicas fueron utilizadas deliberadamente en la búsqueda de objetivos geopolíticos. Tanto la CIA como la inteligencia francesa estuvieron involucradas".

Chossudoscsky realizó, junto al economista belga Pierre Galand, una investigación en los archivos del gobierno, las cuentas y la correspondencia del gobierno ruandés. Los hallazgos permitieron confirmar que gran parte de la compra de armas había sido negociada fuera del marco de los acuerdos gubernamentales de ayuda militar, mediante varios intermediarios y comerciantes de armas privados: "Estas transacciones -consideradas como gastos gubernamentales de buena fe- habían sido, no obstante, incluidas en el presupuesto del Estado, que estaba bajo la supervisión del Banco Mundial. Se habían importado grandes cantidades de machetes y otros artículos utilizados en las masacres étnicas de 1994, clasificadas como "mercancías civiles", a través de canales comerciales regulares."

¿La comunidad internacional estaba consciente de lo que podía ocurrir en Ruanda? Chossudoscsky responde de forma afirmativa a esa pregunta: "cuatro meses antes del genocidio, la CIA había advertido al Departamento de Estado de Estados Unidos en un informe confidencial que los Acuerdos de Arusha fallarían y que si las hostilidades se reanudaban, más de medio millón de personas morirían." El economista canadiense también puntualiza que las Naciones Unidas mantuvo en secreto esta novedad: "no fue sino hasta que el genocidio se terminó que la información fue pasada al general de división Dallaire [que estaba a cargo de las fuerzas de la ONU en Ruanda]".


Sumemos más leña al fuego. Si revisamos los señalamientos del periodista canadiense, Guillaume Kress, en su texto ¿Quién estuvo detrás del genocidio ruandés? Desmantelar el mito "hutu extremista" refiere la importancia de los informes Hourigan, Bruguière y Trévidic, que reciben los nombres de los jueces que se dedicaron a la revisión de la narrativa oficial mediante una investigación del papel de Kagame en el derribo del avión Falcon 50, donde murieron los presidentes de Ruanda y Burundi.

En 1997, por solicitud de la ONU, el abogado australiano Michael Hourigan inició su pesquisa y encontró que el asesinato de los mandatarios fue probablemente patrocinado por Paul Kagame y su FPR.  Además, descubrió que el FPR recibió ayuda de un país extranjero. ¿Qué ocurrió después? El entonces fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, Louise Arbour, suprimió la evidencia.

El investigador Kress reseña que "el Consejo de Seguridad de la ONU negó la existencia del informe Hourigan hasta que Christopher Black, un abogado canadiense, lo publicó en marzo del 2000." Más tarde, el informe de Jean Louis Bruguière, que contó con testimonios clasificados de funcionarios del FPR se confirmaron las conclusiones de Hourigan y en función a esto, en 2006 se solicitó órdenes de arresto internacional contra grupo de líderes rebeldes del FPR. El TPIR no emprendió una investigación oficial sobre el asesinato.

Los jueces franceses Marc Trévidic y Nathalie Poux presentaron en 2012 un informe que "el avión fue abatido por un misil portátil SA-16, de fabricación soviética." ¿Qué nos aporta este dato? En 1994 el gobierno ugandés -quien proveía de armamento al FPR- recibía su armamento de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No olvidemos que Kagame invadió Ruanda en 1990 desde Uganda. No hay casualidades...

El juez Trévidic no desestimó las órdenes de arresto del juez Bruguière y las mantuvo activas. Contrario a los reseñado por los medios de comunicación, no han quedado exculpados los colaboradores de Kagame. Trévidic, en noviembre de 2013 se negó a desestimar el caso.

Con sus hallazgos, Hourigan y Bruguière lograron señalar la complicidad del FPR en el asesinato del presidente Habyarimana: "Sus informes allanaron el camino para una tendencia revisionista en la erudición histórica del genocidio proporcionando una nueva generación de historiadores con la evidencia necesaria para reexaminar críticamente la visión engañosa de Kagame del extremista hutu", concluye en periodista Kress.

¿Milagro o espejismo económico?

Paul Kagame se jacta de haber convertido a Ruanda en el Singapur de África. Ahora, ¿qué hay de cierto en esta afirmación? David Himbara, quien fuera secretario privado principal del presidente durante dos años y jefe de estrategia y política, durante cuatro años, duda de esta condición en una entrevista publicada por el diario San Francisco Bay View: "Ruanda sigue siendo el país más pobre de África oriental, a excepción de Burundi. Su ingreso per cápita es de $ 697.3 frente a Kenia de $ 1,376.7; Uganda, 705 dólares; y Tanzania $ 879. Burundi es más pobre que Ruanda con per cápita de $ 277. Ruanda recibe $ 1 mil millones al año en ayuda extranjera, que es la mitad de su presupuesto anual de $ 2 mil millones. Esto no es un éxito espectacular."

Himbara revela que Kagame manipula estadísticas para "exagerar" el funcionamiento económico y social de Ruanda: "dice que Ruanda ha logrado la cobertura universal de atención médica, pero hay menos de 700 médicos en Rwanda y hay 12 millones de personas."

Si retrocedemos en el tiempo, es posible identificar elementos dignos de consideración. Una sección de la Misión de información parlamentaria sobre Ruanda de la Asamblea Nacional francesa, citada por Kress, advierte: "Durante la década de 1970, de hecho, Ruanda estaba en buena salud financiera y económicamente. Este período se caracterizó por altas tasas de crecimiento económico (5% en promedio), estabilidad financiera y una débil tasa de inflación. Esta situación se debió a los altos precios del café y a una gestión política muy prudente. En esta Ruanda, ampliamente considerada la "Suiza de África", hubo una fuerte ilusión de progreso socioeconómico entre 1976 y 1983."

No obstante, el éxito de Habyarimana comenzó a desmoronarse a mediados de los años ochenta, producto de una crisis agrícola, que devino en una crisis financiera y política. En los albores de las tensiones en 1990, Ruanda se hizo dependiente de la ayuda extranjera. ¿Cómo? A este pequeño país africano se le impuso nada más y nada menos que: ¡su propio paquete neoliberal!

La caída del sector minero, de la mano de la disminución de los precios del café generó una grave situación económica. Además, Kress manifiesta que: "El debilitamiento del aparato administrativo estatal afectó gravemente a casi todos los grupos sociales al activar el resurgimiento del odio étnico, facilitado por la invasión del FPR." Los programas de ajuste estructural (PAE) aplicados a Ruanda por cortesía del Fondo Monetario Internacional (FMI) consistieron en la puesta en marcha de austeridad en el gasto público, una medida que fracasó por el aumento del desembolso militar. Otros elementos que incidieron en esta crisis fue la amenaza del SIDA, el derrumbe de la educación y el incremento de la desnutrición infantil.

Los tutsis, líderes del gobierno del FPR no exigieron la cancelación de las deudas contraídas por Ruanda: restablecieron el patrón del período comprendido entre 1990 y 1994. El economista canadiense Chossudoscsky afirma que: "Los préstamos para el desarrollo concedidos desde 1995 no se utilizaron para financiar el desarrollo económico y social del país. El dinero del exterior había sido desviado otra vez en el financiamiento de una acumulación militar, esta vez del ejército patriótico ruandés (RPA). Y esta acumulación de la RPA se produjo en el período inmediatamente anterior al estallido de la guerra civil en el ex Zaire." ¿Puntadas sin hilo por parte del imperialismo estadounidense? Jamás...

El amigo ruandés del sionismo

El pasado 9 de julio de 2017, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, llegó a Israel para reforzar su alianza con sionismo.  El primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Reuven Rivli lo recibieron. De acuerdo a señalamientos de la periodista Ann Garrison, quien cita a The Jerusalem Post, se sugiere que el recibimiento de Kagame está relacionado con el puesto de Ruanda en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Estas fueron las palabras del presidente Rivli: "Ruanda va a ser ahora miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este es un cuerpo que siempre está contra Israel, por desgracia. Así que damos la bienvenida a todos aquellos, todos aquellos que están preparados para hablar por nosotros. Y agradecemos mucho su apoyo". Tanto ha sido el agradecimiento y la "amistad" al presidente ruandés que en marzo de 2017, Kagame fue el único mandatario africano en hablar en la conferencia anual del Comité de Asuntos Públicos de Israel (AIPAC) y en mayo, fue galardonado con el premio Dr. Miriam y Sheldon G. Adelson, durante un evento en Nueva York.


¿Cuándo inició la alianza con Israel? En 1995, Kigali, la capital de Ruanda, fue escenario de la Convención de las Naciones Unidas sobre Genocidio, después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocuasto. Robin Philpot, autor del libro "Rwanda and the New Scramble for Africa, from Tragedy to Useful Imperial Fiction", en una entrevista titulada El querido africano de Israel concedida a la ya citada periodista independiente, Ann Garrison, concluye que en este encuentro se selló la alianza entre Israel y Ruanda. Philpot advierte que "cuando se mira la relación anterior entre Israel y Ruanda -y entre Israel y Uganda- es obvio que la invasión del Congo se coordinó con Israel, que, como Estados Unidos, quería una posición estratégica en el corazón de África negra." Todos los caminos -e indicios- nos conducen al Congo y Ruanda fue el atajo del poder hegemónico para alcanzar este objetivo.  


Paul Kagame: ¿salvador o carcelero?

Paul Kagame ha sido catapultado como un demócrata luchador por la libertad y el único que fue capaz de detener el genocidio en Ruanda. Un hombre que pacificó a su país. Este ex militar ruandés fue entrenado en el comando del Ejército de los Estados Unidos y la Escuela Mayor en Fort Leavenworth, Kansas.

El ascenso al poder de Kagame responde a los intereses económicos y geopolíticos extranjeros. Esto podría explicar el silencio de la comunidad internacional ante lo que Ruanda ha hecho en la República Democrática del Congo. En 2002 este país expoliado presentó las acusaciones contra Ruanda ante el Tribunal Internacional de Justicia, por agresión armada, masacre en masa, violación, saqueos, detenciones arbitrarias y saqueos. No procedió. Aquí no hay sanciones económicas, ni intervención militar, sin importar cuántas vidas humanas se cobre la guerra impuesta desde Occidente. Kagame sabe lo que le gusta al poder hegemónico y mientras les sea útil a sus deseos, no habrá denuncie que pese en su contra. Se suman 7 años más de Kagame en el gobierno y con ello, Ruanda dista de salir del laberinto al que ha sido confinada.



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