Predicciones para «Chindia»: ¿destino recto de hermandad sobre líneas torcidas de hegemonía occidental?

bervum


«Hindi Chini Bhai Bhai» «India y China son hermanas.»

Jawaharlal Nehru.

«Un pariente lejano puede ser menos útil que un vecino cercano».

Proverbio chino.


Signada por las disputas fronterizas y los vestigios del pasado colonial, la relación entre China e India pende de un hilo. El nuevo nudo es el desacuerdo en la disputada DongLang (Doklam). Detrás de la cortina de este episodio de desavenencias por la triple frontera, se frotan las manos las fuerzas imperialistas, mientras ligan que se desplomen iniciativas contra-hegemónicas como los BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái y la trascendental Nueva Ruta de la Seda. ¿Qué le deparan las estrellas a las hermanas asiáticas?


Condenadas o bendecidas a vivir una al lado del otra, Pekín y Nueva Dehli son las dos mayores economías emergentes y juntas suman alrededor de un tercio de la población mundial. La promesa de un nuevo orden mundial se aproxima con China e India de la mano. Pero el poder hegemónico no está dispuesto a dejar caer su corona, así que, a su entender, las alianzas peligrosas deben aniquilarse. ¿Cómo? Lo típico: las intrigas y buscar en el baúl de los recuerdos las rivalidades históricas, es el método predilecto. Hoy, el resultado es una India hechizada por Estados Unidos e Israel, mientras una expectante China analiza el panorama y revisa sus estrategias de protección.

La más reciente desacuerdo entre los titanes de Asia es uno de carácter fronterizo. En la cordillera del Himalaya existen buffer states o estados tapón que son los que se encuentran entre dos estados rivales u hostiles. Su propósito es prevenir un conflicto con su neutralidad y además, contribuyen a mantener la seguridad de los estados en cuestión. Este es el caso del Tíbet, Nepal, Bután y Sikkim. Para los británicos el Tíbet fue un buffer state que contenía las tensiones entre China e India. Por esta razón apoyaban su autonomía, mas no su independencia, debido a que atentaban contra sus intereses comerciales en China y la seguridad del imperio indio. Nuevamente, un buffer state es el eje del conflicto entre las hermanas. ¿Se harán añicos las soñadas posibilidades de esta prometedora alianza geopolítica en Asia?

Bitácora de la reciente discordia fronteriza

Las constelaciones involucradas en el foco de tensión en Asia son China, India y Bután. El 16 de junio de este 2017, un equipo de construcción de la República Popular de China se dispuso a iniciar la obra de una carretera en DongLang (Doklam). Sin embargo, el 18 de junio de este 2017, más de 270 efectivos de la India y dos excavadoras cruzaron el límite en la sección de Sikkim de la frontera entre China e India, a fin de impedir la anunciada construcción de una carretera china en el área de Dong Lang (Doklam). ¿Cuál es la importancia estratégica de esta zona? Es una meseta situada en el tri-cruce situado sobre el estrecho corredor de Siliguri -también conocido como «Cuello de Gallina»- que sirve de puente entre las provincias del noroeste de la India con el resto de este país asiático. 


El pasado 30 de junio, Nueva Delhi indicó a través de un comunicado estar «profundamente preocupada por las recientes acciones chinas» y expresó al gobierno chino que «tal construcción representaría un cambio significativo en el statu quo con serias implicaciones de seguridad para La India». Por su parte, el gobierno de Bután ?el «ahijado» de Nueva Dehli? manifestó a las autoridades chinas que la construcción de la carretera era «una violación directa» de los acuerdos para la demarcación de fronteras entre los dos países. 

Pekín se ha dedicado a realizar cuantiosos llamados a Nueva Delhi para que retire sus tropas, pero su vecina ha hecho caso omiso. Vista esta reacción, China no se ha quedado con los brazos cruzados: el 20 de julio el dragón asiático desplegó un contingente militar de tanques y vehículos blindados. Acto seguido, el pasado 2 de agosto, Pekín presentó un documento titulado «Los hechos y la posición china concerniente al paso de tropas fronterizas indias por la frontera China-India en el sector de Sikkim en territorio chino». El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Geng Shuang, expresó que su país había emitido este documento con el propósito de «exponer los hechos y la verdad sobre la infracción ilegal de las tropas fronterizas de la India a la comunidad internacional y mostrar la posición del gobierno chino». Geng hizo énfasis en que las acciones indias violaban la soberanía territorial de su país y suponía «graves desafíos a la paz, la estabilidad y la normalidad del orden internacional».

El 11 de agosto, Nueva Delhi incrementó la apuesta. El diario The Indian Express reseña que la ministra de Asuntos Exteriores de la India, Sushma Swaraj, y su homólogo butanés, Damcho Dorji, sostuvieron una reunión al margen de la cumbre regional en Katmandú de la Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Multisectorial, Técnica y Económica ?BIMSTEC por sus siglas en inglés?. Este encuentro, Nueva Delhi le pidió a Timbu «no intimidarse» ante la retórica china.


Esto ocurrió el mismo día que el ministro de Defensa indio, Arun Jaitley, era interpelado sobre los movimientos de tropas chinas en el Tíbet, en medio de la controversia fronteriza. En respuesta, Jaitley aseguraba al Lok Sabha ?cámara baja del Parlamento de la India?que las fuerzas armadas de este país están preparadas para afrontar «cualquier eventualidad» . También ese viernes 11 de agosto, India desplegó más efectivos en la frontera con China en los estados indios de Sikkim y Arunachal. ¿Nueva Delhi se jugará la carta de la guerra?

Aislamiento del dragón asiático: mandato británico

La génesis de la desavenencia fronteriza entre el dragón asiático y el elefante indio, está sujeta a un invasor colonial: Gran Bretaña. El profesor Sun Hongnian, del Centro de Investigación de la Historia y Geografía de la Academia china de Ciencias Sociales, en su artículo La disputa fronteriza China-India Sikkim sostiene que la frontera entre China y el estado de Sikkim de la India se delimitó en 1794, al tiempo que el Reino Unido comenzó sus incursiones en Bután y Sikkim en el siglo XVIII, e invadió el Tíbet de China en 1888. 

No obstante, el origen de la controversia entre Nueva Delhi y Pekín radica en la interpretación de la convención de 1890, firmada entre Gran Bretaña y China. Este acuerdo delimitó la frontera entre Sikkim y Tíbet, al tiempo que estipuló que Dong Lang (Doklam) pertenecía al territorio chino. Desde entonces, la demarcación sobre la sección de Sikkim de la frontera China-India no ha variado. Ahora, ¿cómo afectó a China la presencia británica en la India?

 La historia de las diferencias entre las hermanas asiáticas se remonta a la llegada de los ingleses a la India en 1602, cuando iniciaron la conquista de este territorio con el tráfico de armas. Detrás de esta táctica comercial, se escondía una estrategia de dominio: generar enfrentamientos internos para debilitar a los indios. Lastimosamente funcionó. 

En 1757, Gran Bretaña emprendió la conquista territorial por Bengala. Esta provincia fue la elegida a causa del opio que se pretendía vender en China, un imperio que los británicos soñaban con disputarles su liderazgo comercial y tecnológico. La batalla de Plasey en junio de 1757, donde combatieron ingleses y cipayos ?soldados indios al servicio de potencias europeas?, terminó con la derrota del sultán. Asesinado días después, asumió su puesto el Primer Ministro del sultán, quien había sido sobornado previamente por los británicos. Como el karma existe, ese Primer Ministro fue derrocado por los ingleses que lo habían catapultado al poder. Preparado este escenario, los invasores europeos ocuparon directamente Bengala, un territorio donde la propiedad de la tierra era comunal, los impuestos se pagaban por aldea y los habitantes decidían sobre el cultivo de las tierras. Esa realidad había llegado a su fin. Los británicos impusieron la propiedad privada, el pago de impuesto persona a persona, recaudados por los cipayos. Además, se obligó a cultivar amapola, con el objetivo de producir opio para venderlo en China. 


Al activar el zoom en Asia, es posible testificar las revelaciones del economista británico John Atkinson Hobson, rescatadas por el sociólogo estadounidense, James Petras: "La conquista de la India, Birmania y gran parte de este continente, permitió a Gran Bretaña establecer bases coloniales y reclutar ejércitos de mercenarios locales". Así, esta potencia europea se valió de su poder militar para encerrar y aislar al dragón asiático. El mecanismo táctico elegido fue la interrupción de sus mercados y la imposición de términos comerciales feroces. La consecuencia directa fue la inundación de China con opio británico ?representaba más del 50% de las exportaciones británicas en la década de 1850?, producido en plantaciones de la India. 

Carlos Marx, en el año 1853 su artículo Futuros resultados de la dominación británica en la India hacía una revelación:«Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia». Marx también advierte lo siguiente:

«Todo cuanto se vea obligada a hacer en la India la burguesía inglesa no emancipará a las masas populares ni mejorará sustancialmente su condición social, pues tanto lo uno como lo otro no sólo dependen del desarrollo de las fuerzas productivas, sino de su apropiación por el pueblo. Pero lo que sí no dejará de hacer la burguesía es sentar las premisas materiales necesarias para la realización de ambas empresas. ¿Acaso la burguesía ha hecho nunca algo más? ¿Cuándo ha realizado algún progreso sin arrastrar a individuos aislados y a pueblos enteros por la sangre y el lodo, la miseria y la degradación?»

El «florecimiento occidental» en Asia sobre la destrucción británica significó la siembra de la discordia en ese continente entre Pekín y Nueva Dehli. La India continuó siendo «la gran base de Occidente en Asia». La representación británica parece haberse transferido a la India independiente, un estado con una estructura democrática -que sobrevive en un sistema de castas- pero con inmensas tasas de pobreza, a pesar de las predicciones del FMI referentes al crecimiento indio valorado en 7,7% para el año 2018. ¡Ironías! 

Siglo XX: Samsara sino-indio

Un ciclo perpetuo de renacimientos, envuelve a China e India en un espiral del tope al fondo en sus relaciones. En 1947 se produjo la independencia de India y el 1° de octubre de 1949 Mao Zedong proclamó la República Popular China. Soplaban tiempos de entendimientos y parecía que era posible deshacerse del domino imperial. Más aún, cuando las relaciones diplomáticas entre la Pekín comunista y Nueva Delhi se establecieron el 1° de abril de 1950. De hecho, India fue el primer país no socialista que entabló nexos diplomáticos con el dragón asiático. Esta decisión de Nueva Delhi emanaba de la política exterior de Sri Pandit Jawaharlal Nehru, centrada en la fraternidad, conservación de su autonomía, la voluntad de liderazgo en el Movimiento de Países No Alineados y proveerse de un lugar en el escenario mundial.

En 1950 estalló la guerra de Corea y China era vista con malos ojos por parte de Washington. La administración de Dwight Eisenhower trató de seducir a Nueva Delhi con programas de ayuda económica para transformarla en una cenicienta pro-occidental. Pero no funcionó. India optó por correr a los brazos de la URSS y de su hermana china; se mantuvo neutral en la contienda bélica de Corea, a fin de actuar como mediadora en el conflicto. Además, apoyó a China para que obtuviera una silla en el Consejo de Seguridad. La camaradería se extendió cuando juntas, de la mano con Myanmar, en 1954, promovieron los cinco principios de coexistencia pacífica: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no interferencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo, y la coexistencia pacífica. El profesor de Historia, Chen Jian, advierte que en este período de cordialidad, tres diferencias no fueron resueltas entre Pekín y Nueva Delhi: el asunto fronterizo, las percepciones sobre el Tíbet y sus respectivas consideraciones sobre su papel en el mundo, principalmente el no-Occidental. 

Todo marchaba con buen pie. Sin embargo, el destino se torció en un punto. En 1959, la desconfianza ensombreció las relaciones entre China e India con la revuelta en el Tíbet. Mao acusó a Washington, Londres y a Nueva Delhi de apoyar esta rebelión. Para empeorar el asunto, el Dalai Lama se exilió en Dharamsala, un estado indio de Himachal Pradesh. 

La escalada de diferencias alcanzó su clímax cuando en 1962 estalló la guerra sino-india. Los titanes de Asia libraron una contienda bélica por las divergentes interpretaciones de la línea fronteriza de Arunachal Pradesh, que tenían su génesis en la Convención de Simla, no reconocida por Pekín. China hizo un alto al fuego. A India aún la persigue el fantasma de esta guerra. No en vano, el ministro Jaitley ha subrayado que se han aprendido las lecciones de esta contienda. Las alianzas se reconfiguraron con el acercamiento entre la India y Moscú mientras China y Pakistán hacían los propio. Nueva Delhi también se dedicó al desarrollo de su poder nuclear. El capítulo de cordialidad de las hermanas había terminado.

Dharma y karma

Con la llegada del nuevo milenio, los astros parecían sonreírle a la relación de las hermanas asiáticas. En el año 2000, el presidente indio, Kocheril Raman Narayanan visitó a China y dos años después, Zhu Rongji sería el primer ministro indio en visitar Nueva Delhi en una década. No obstante, en el año 2005, se produjo un acercamiento estratégico entre China e India, cuando el primer ministro chino visitó Nueva Delhi. Conscientes de su peso económico y cultural, estaban decididos a «darle una nueva forma al orden mundial». Serían socios. A fin de consolidar esta alianza, el año 2006 fue el año de la amistad China-India.  

En 2006 se produjo la primera reunión de los BRIC -Brasil, Rusia, India y China- para en 2010 incorporar la representación de África con la S de Sudáfrica. Este bloque económico y político emergente nació con la pretensión de conducir el orden mundial hacia la multipolaridad. La creación del banco de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras -del que hacen parte casi todos los países miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái- permiten la financiación de los países emergentes y en vías de desarrollo, en clara contraposición con los postulados del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que responden al imperio estadounidense y a los países industrializados. Hoy, la Nueva Ruta de la Seda, propuesta por el presidente chino Xi Xinping, es la iniciativa más importante en materia comercial. El movimiento anti-hegemónico marchaba a paso firme. 


Si todo iba bien ¿qué falló? En mayo de 2017, a India le pegó la luna y decidió boicotear el Foro de Cooperación Internacional de la Franja y la Ruta, al negarse a enviar una delegación, sin importarle que es el segundo mayor contribuyente del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII). El alegato indio fue su preocupación por el corredor económico con Pakistán que pasa por Gilgit-Baltistán, un área montañosa de Cachemira , disputada por Nueva Delhi e Islamabad. En julio, Nueva Delhi y Tel Aviv firmaron acuerdos militares, entre los que destacan el establecimiento de una empresa conjunta para la construcción de misiles. Se trata de la primera vez que un primer ministro visitaba Israel, considerada históricamente como un ocupante de territorios palestinos.

Se le suma a lista de coqueteos occidentales de la India y desprecios a China, el ejercicio naval «Malabar 2017», en conjunto entre la India, Japón y Estados Unidos en la Bahía de Bengala. Además, Washington aprobó la venta de $ US 365 millones en aviones de transporte militar a la India y mil millones en drones de vigilancia. Ahora, la marina de guerra india cuenta con 8 Boeing P-8A Poseidon y submarinos cazadores que patrullan el Océano Índico. ¿Qué otras sorpresas le prepara India al dragón asiático?

El futuro de Chindia...¿Moksha anti-hegemónico?

Ciertos relatos afirman que en una ciudad al sur de la India, ubicada en el estado de Tamil Nadu, el destino de la humanidad fue escrito en hojas de palmera hace ya largos años. Se dice que en ellas se puede leer el futuro y el pasado. ¿Y si ocurriera algo semejante con la relación sino-india? Bendecidas con su vecindad asiática y su milenaria cultura, han sido condenadas a un ciclo de discrepancias, en gran medida, por obra de las potencias occidentales, llámense Gran Bretaña o Estados Unidos.

Los copistas hegemónicos se han esforzado por re-escribir lo que la geopolítica sugiere que está destinado a ser: una alianza estratégica entre China e India. Sin embargo, esto ocurrirá siempre y cuando Nueva Delhi priorice la hermandad, prescinda del pariente lejano y recuerde las palabras pronunciadas en 2013, por el entonces primer ministro chino a su homólogo indio, Manmohan Singh: «China y la India tienen la voluntad, la inteligencia y la capacidad para convertirse en el nuevo motor de la economía mundial». En la IX cumbre de los BRICS en septiembre de este 2017, las hermanas asiáticas tienen la posibilidad de decidir su futuro, el mundo espera que dirija hacia lo anti-hegemónico. Para ello, desistir de una guerra entre ellas es fundamental.  


Ber Vum