La codiciada llave estratégica

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Yibuti es la llave de la "puerta de las lamentaciones": el estrecho Bab el-Mandeb, que une la Península Arábiga con el cuerno de África. Yibuti tiene sus costas dividas entre las aguas del Mar Rojo y del Golfo de Adén y su tierra fragmentada en enclaves militares extranjeros. El establecimiento del gigante asiático en Camp Lemonnier no ha sido bien recibida por parte de sus vecinos. ¿Qué otras puertas -y recelos- abre y despierta una pequeña nación africana?

El pasado martes 11 de julio, el personal militar chino partió del puerto de Zhanjiang, en la provincia meridional de Guangdong con destino a su base de apoyo en Yibuti. Esta plataforma tiene el propósito de asistir operaciones de suministro. Beijing ha negado que este establecimiento albergue el objetivo de una expansión militar. Aún así Occidente no cesa en su preocupación. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, ha declarado que su país ha desplegado buques en el golfo de Adén y sobre las aguas frente a la costa de Somalia en misiones de escolta desde 2008, en las que los oficiales y soldados chinos les resultó difícil abastecerse y Yibuti les prestó apoyo logístico. El gigante asiático también tiene interés en apostar por el desarrollo económico de este país africano y de su continente. 

La olvidada África con una extensión territorial de 30 millones de km2 e integrada por 53 países, desde hace unos años se ha tornado un mercado interesante y digno de conquista por parte de China, al punto que se ha convertido en el mayor socio comercial del continente desde el año 2009. Mientras tanto, un celoso Estados Unidos vislumbra cómo la deseada Yibuti cede ante las nada despreciables ofertas del rival asiático.

¿Por qué todos quieren a Yibuti? 

En África Oriental, una extensión de 23.200 km2 conforman a la pequeña nación que alguna vez fue conocida como Somalia francesa y luego se la llamó Territorio Francés de los Afars y de los Issas. En una zona vestigio del colonialismo europeo, las tierras de lo que hoy se conoce como Yibuti cuentan con la presencia militar de varios países. 

De acuerdo al analista argentino, Guadi Calvo, en su artículo, Yibuti: A la sombra de las armas, Francia, - metrópoli colonial hasta 1977- mantiene al 5° Regimiento de Ultramar de armas combinadas (RIOM-5e), la base aérea "188" con escuadrones cazas Mirage y a la 13° media brigada de la Legión extranjero. Este despliega se traduce en el mayor destacamento militar francés fuera de esta república. Otro país europeo, Italia, mantiene la Base Militare Nazionale di Supporto, destinada al albergue de 300 hombres, al igual que aviones y drones. Por su parte, Alemania tiene tres "modestas" fragatas, cuatro barcos de abastecimiento y unos 2.500 marinos. Reino Unido, España y Arabia Saudita también tienen su "parcela militar". Japón no se queda atrás: en el año 2011 decidió establecer su primera base desde la Segunda Guerra Mundial, en la que mantiene un contingente aéreo con alrededor de 600 efectivos. Rusia aún negocia su presencia en este estratégico enclave.

Yibuti se ha convertido en el lugar más deseado para instalar bases militares, debido a su condición de "centinela" del estrecho de Bab el-Mandeb: el cuarto en importancia mundial en el aprovisionamiento energético, luego de Ormuz, Malaca y el canal de Suez. Además, este estrecho comunica el Mar Rojo con el Océano Índico, dispuesto para el tránsito de mercancías entre Europa y el sudeste asiático, gracias a la cercanía del Canal de Suez. De acuerdo al analista chileno, Pablo Jofré, en su artículo Yibuti, bases navales de EEUU y China, donde comenzará la guerra : "por esa ruta transitan barcos con 4 millones de barriles de petróleo al día, el 90% de las exportaciones de crudo a Japón y el 40% de las necesidades energéticas de Europa."

En el cuerno de África, Yibuti está ubicada en un vecindario peligroso, en buena medida gracias a las acciones de Occidente en la región. Puntualmente, se hace referencia a la situación en Yemen, objeto de una intervención militar liderada por Arabia Saudita desde el año 2015; una Somalia golpeada -no se sabe si por las acciones del grupo al-Shabaab (afiliado a Al-Qaeda) o las operaciones del imperio norteamericano para contrarrestar el terrorismo - y la piratería, para cuyo combate los desinteresados miembros de la Unión Europea dispusieron en diciembre de 2008 la Operación Atalanta. 

El celoso Estados Unidos

Washington tiene un llavero de más de 800 bases militares en el mundo, de acuerdo al investigador David Vine, en su libro "Nación de bases". Sin embargo, de su colección africana, es notorio que tiene un interés especial por Camp Lemonnier, en Yibuti. Estados Unidos se fijó en este pequeño país africano luego del 11-S, con la intención de establecer una base militar para ejecutar su "Guerra contra el terror", propuesta en 2001 por el entonces presidente estadounidense, George Bush, para combatir el terrorismo. Este país africano resultaba perfecto por su posición geoestratégica que permitía tener acceso a África y a Oriente Medio.

El investigador norteamericano y residente de Eritrea, Nick Turse, advierte en su artículo La huella bélica norteamericana en África, que mediante un conjunto de documentos secretos desclasificados -obtenidos por la Ley de Información- se evidencia una constelación de bases estadounidenses, clasificadas en tres categorías: las bases de operaciones avanzadas (FOSes, por sus siglas en inglés); localizaciones de seguridad cooperativa (CSLs) y localizaciones de contingencia (CLs). En el año 2013, Washington consideró que era hora de acondicionar su entonces campo temporal e invirtió en su base 1.400 millones de dólares. 

Turse sostiene que en el Camp Lemmonier en Yibuti, constituye una de las bases "duraderas" gringas en el continente africano en la que existe una presencia sostenida de tropas: "el campamento Lemonnier es el núcleo para múltiples operaciones y actividades cooperativas de seguridad según informa la declaración en 2017. Esta base es esencial en los esfuerzos estadounidenses en el este de África y en la península Arábiga. De hecho, documentos secretos anteriores muestran que la base apoya las operaciones estadounidenses en Somalia (antiterroristas), Yemen, El Golfo de Adén (contra la piratería) así como programas y actividades de amplio rango en toda la región."

El ya citado analista argentino, Guadi Calvo, expresa que el Pentágono dispuso en Lemonnier "centrales de control de AFRICOM, CENTCOM, el Comando de Operaciones Especiales (SOCOM) y el Comando Europeo de Militares de Estados Unidos (EUCOM)". AFRICOM -destinada a gestionar las operaciones militares de Washington en África- surgió de un think tank israelo-estadounidense, conocido como el Instituto de Altos Estudios Estratégicos y Políticos (IAPS por sus siglas en inglés), que exhortó a la creación de un comando militar norteamericano para África. Esta idea se anunció el 6 de febrero de 2007 bajo la presidencia de George W. Bush y se oficializó en octubre de ese año la puesta en marcha de AFRICOM. Lo curioso es que esta novedad se da a conocer luego que el entonces presidente chino, Hu Jintao, finalizaba una gira por ocho países africanos: Camerún, Liberia, Sudán, Zambia, Namibia, Sudáfrica, Mozambique y las islas Seychelles. ¿Casualidad?

El también autor del libro El campo de batalla de mañana: guerras indirectas y operaciones secretas de Estados Unidos en África, manifiesta que en la declaración de posicionamiento de AFRICOM en 2017, este comando lamenta que "al igual que Estados Unidos persigue sus intereses estratégicos en África, los competidores internacionales, como China y Rusia están haciendo los mismo".  


"Cuernos" en el cuerno de África: ¿quién apuesta más?

Cuando China anunció en 2015 la construcción de base militar en Yibuti, Estados Unidos no lo tomó muy bien. Pocos días después de una visita del Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, a Yibuti en mayo de ese año, este país le notificaba a Washington que debía desalojar la pequeña base portuaria de Obock, porque tenía nuevos inquilinos: 10.000 tropas chinas. Estados Unidos tendría por vecino a China. Transcurridos dos años parece que sigue sin asimilarlo. 

La Casa Blanca tiene su principal base estadounidense en continente negro en el Camp Lemonnier desde el año 2002 -con arrendamiento renovado hasta 2025-, pero su contribución al país ha sido bastante modesta. En 2015, el analista Thomas Mountain consideraba en su texto EE.UU. vs China en Djibouti que este país africano "se convertía la última confrontación entre los Estados Unidos y China en África". Además, advertía que el ejército estadounidense pagaba 63 millones de dólares al año por el uso de este campo, en donde tiene a 4.000 soldados y una base de aviones no tripulados, para los asuntos relativos a Yemen y Somalia. 

Por su parte, el novelista y periodista de investigación, Andre Vltchek, describió a Yibuti en su artículo Demencia total militarizada como: "un pequeño país musulmán que durante años ha vivido fundamentalmente de una especie de estación de servicio para legiones extranjeras y tropas de combate regulares. Su único reclamo a la fama es que permite a los extranjeros controlar el Mar Rojo, que está a las puertas de Somalia y Yemen, ayudando a mantener la presión sobre Eritrea y vigilando a Etiopía." ¿Los extranjeros no pueden ver más allá de sus bases militares? Yibuti, custodiada por el desierto, que no permite el florecimiento de la agricultura ni la preocupación de sus ocupantes, no ha visto mayores señales de inquietud por sus altos índices de mortalidad o la práctica de mutilación genital femenina. 

Caso contrario ha ocurrido con la seductora China, que puso sus ojos en Yibuti y desde 2015 le ofrece una dote nada despreciable. Se trata de la construcción de un ferrocarril de 3 mil millones de dólares desde Addis Abeba, capital de Etiopía -el segundo país más grande de África- hasta Yibuti, ofreciéndole a los etíopes la posibilidad de salida al mar, perdida desde la independencia de Eritrea en 1993. Inaugurada el 5 de octubre de 2016, esta es la primera vía férrea eléctrica de África que alcanza una longitud de 752,7 kilómetros y reduce el tiempo de viaje entre ambas metrópolis de 7 días en carretera a 10 horas. 

De forma análoga, Beijing había invertido en 2015, 400 millones de dólares en el modesto puerto de Yibuti, desde el que Etiopía importa el 90% de alimentos y mercancías. Por si fuera poco, el gigante asiático y el país africano firmaron un acuerdo de seguridad y defensa en 2014.

¿"Peligro amarillo" o beneficio mutuo? 

El profesor e investigador congolés, Mbuyi Kabunda, en el libro China en África: alternativa a los 50 años de descolonización se realiza un interesante cuestionamiento acerca de la incursión del gigante asiático por la cuna de la civilización: "China suscita admiración y al mismo tiempo preocupa. Su nuevo protagonismo en África genera muchas polémicas, por ser tachado por unos como una nueva colonización oriental y por otro como una nueva oportunidad para el continente negro de diversificar sus relaciones externas y conseguir su independencia económica".

El gigante asiático durante los últimos años se ha esforzado por demostrar que su política exterior, basada en la premisa ganar-ganar, es diametralmente opuesta a la de Washington y la de Occidente en general. El presidente chino, Xi Xinping en marzo de 2013, durante una gira por Suráfrica, la República del Congo y Tanzania, pronunció en este último país la siguiente afirmación: "África pertenece a los africanos (?) Al desarrollar relaciones con África, todos los países deberían respetar su independencia y su dignidad", indicó en Dar es Salam, la mayor ciudad y capital económica de Tanzania.




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