Kenia electoral: ¿sumida en un limbo político?

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Kenia tiene una historia de elecciones controvertidas y violencia política. El pasado 26 de octubre, los kenianos acudieron a las urnas para ejercer nuevamente su voto, tras la anulación el 1 de septiembre, por parte de la Corte Suprema, de los resultados de los comicios del 8 de agosto (al menos 49 personas han muerto desde esta primera elección) que daban como ganador a Uhuru Kenyatta, a causa de las irregularidades del proceso. El opositor, Raila Odinga, se ha retirado de la contienda, después de poner en tela de juicio a la comisión electoral. ¿Tienen credibilidad estas elecciones?

Las elecciones repetidas se han celebrado a medias en Kenia. El registro de 14 muertos y lesionados en los enfrentamientos, causó que el organismo electoral pospusiera indefinidamente, por razones de seguridad, las elecciones en cuatro de los 47 condados del país: Kisumu, Siaya, Migori y Homa Bay. El jefe de la comisión electoral de Kenia expresó que 6,5 millones de votantes, alrededor de un tercio de todos los votantes registrados, emitieron su voto en las elecciones del jueves. Esta participación de alrededor del 38,84% -40 puntos por debajo de los anulados comicios del 8 agosto que fue de 79.17%-, representa un porcentaje que cuestiona la credibilidad. 

El Tribunal Supremo de Kenia reconoció el pasado miércoles 25 de octubre, su incapacidad por falta de quórum para decidir sobre un recurso contra los comicios, relativo a la cancelación de las elecciones, basado en que la Comisión Electoral Independiente y Límites (IEBC) no podía garantizar que fuesen justas. 

De acuerdo con David Maraga, líder de esta instancia jurídica, uno de los jueces del Tribunal estaba enfermo, otro no pudo tomar un avión hacia Nairobi, dos tampoco pudieron acudir a la Corte y la segunda jefa, Philomena Mwilu, no se presentó porque su chofer y guardaespaldas, Constable Titus Musyoka, fue baleado el martes y estaba en estado de gravedad. ¿Qué se juega en Kenia?

Kenia: entre los vestigios británicos y las "travesuras" occidentales

La República de Kenia está ubicada en la costa oriental de África, con Sudán y Etiopía al norte, Uganda al oeste, Tanzania al sur y el Océano Índico al este, mientras que al noreste tiene como vecina a Somalia, a la que invadió el 16 de octubre de 2011 con la controvertida operación Operación Linda Nchi, argumentándose la lucha contra Al Shabaab. El terrorismo somalí y los conflictos étnico-tribales (Kikuyu 22%, Luhya 14%, Luo 13%, Kalenjin 12%, Kamba 11%, Kisii 6%, Meru 6%, otros africanos 15%) son las principales amenazas a las grandes apuestas kenianas: Nairobi es vital en el gran proyecto estratégico de China: Una franja, una ruta (Nueva Ruta de la Seda). Además, se han puesto en marcha otros proyectos financiados con fondos chinos como el corredor LAPSSET -7 proyectos de infraestructura que reúne a Kenia, Etiopía y Sudán del Sur- y el ya concluido SGR (ferrocarril para comunicar las ciudades de Mombasa y Nairobi). El actual presidente y candidato, Uhuru Kenyatta, inicialmente no era del agrado de Washington y sus aliados, no en vano, su primer viaje en 2013 -cuando fue electo- lo realizó rumbo a China y Rusia.


Kenia es la mayor economía del este de África y suele considerarse un destino seguro para la inversión extranjera. Kenya Vision 2030 es la política nacional de desarrollo a largo plazo que está compuesto por 3 pilares claves: económico (lograr una tasa de crecimiento económico promedio del 10 por ciento anual y mantenerlo hasta 2030), social y político. Además, este país africano se presenta como un ejemplo de la economía de libre mercado, esculpida por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. 

Con el mandato de Daniel Arap Moi, entre 1979 y 2002, la concentración de la riqueza y la centralización alcanzó niveles astronómicos. El analista Horace Campell refiere que el sector bancario keniano se convirtió "en el eje de la acumulación regional y los líderes de lugares tan lejanos como África Occidental encontraron en la industria de servicios financieros de Kenia un paraíso fiscal amigable donde almacenar sus dineros ilícitos (...) El lavado de dinero del comercio internacional de sustancias ilegales se disfrazó fácilmente en esta economía en auge, mientras que los barones económicos se escondían detrás de máscaras étnicas para desmovilizar a la población."

Los relatos sobre el robo de propiedad estatal y malversación de fondos son bastante comunes. Como una pequeña muestra con el escándalo de Goldenberg International, Kenia perdió unos 1.000 millones de dólares por un falso programa de exportaciones de oro y diamante por parte de esta empresa, mientras que el de Anglo Leasing, consistía en contratos estatales por cientos de millones de dólares otorgados a firmas extranjeras inexistentes, por servicios como pasaportes a prueba de falsificaciones, barcos navales y laboratorios forenses jamás concretados. 

Mucho se habla sobre la división étnica en Kenia -principalmente entre kikuyus y luos-, lo que no se dice es que los colonos británicos, invasores de estas tierras africanas desde la década de los ochenta del siglo XIX, fueron quienes estuvieron detrás de la lucha inter-tribal, al concederle privilegios a determinadas tribus e idearon un sistema de clasificación de nativos. El político marxista y escritor británico, Alan Woods, revela que los británicos inventaron tribus, como los kalenjins, que data de los años cuarenta del siglo XX. ¿Cómo la élite keniana utilizó las elecciones para perpetuarse en el poder?

Historia electoral: independencia, fraude y violencia

A partir de la década de los cincuenta del siglo XX, la guerrilla del Mau-Mau, de la tribu kikuyu, luchaba contra la dominación colonial y con ello, gestaba el clima que daría pado a la independencia.

Los kenianos votaron por primera vez de forma directa en las elecciones legislativas de 1957. No obstante, fue en 1961 cuando se celebró el primer sufragio universal, donde el partido de la Unión Nacional Africana de Kenia (KANU) obtuvo una amplia mayoría en el parlamento: 65 escaños, a pesar del dominio europeo. Dos años después, el sistema fue modificado: los escaños se incrementaron a 129 la Cámara de Representantes y un senado de 38 escaños. De este modo, KANU alcanzó la mayoría de los escaños en cuestión y Kenia fue testigo del ascenso de Jomo Kenyatta como primer ministro keniano.


En diciembre de 1964, Kenia se convirtió en República, con un sistema unipartidista en el que Jomo Kenyatta, padre de Uhuru Kenyatta, fue elegido como el primer presidente. Alcanzada la independencia, se produjo una traición al pueblo keniano: la clase media mantuvo el sistema de explotación de los británicos. La promesa del socialismo de Kenyatta se desvaneció con una revolución democrática burguesa.

 Las discrepancias entre el presidente y el primer vicepresidente devino en la retirada de Jaramogi Oginga Odinga del partido KANU en 1966, dando paso a la formación del partido Unión Popular Kenia (KPU). Esta división afianzó las diferencias étnicas: los kikuyu detrás de KANU y los luo del lado del KPU. 

¿Qué ocurrió después? Luego de una enmienda constitucional -con el objetivo de permitir que KPU se presentara a elecciones- se realizaron unos comicios en los que KPU obtuvo la mayoría de los votos, al tiempo que KANU ganaba la mayoría de los escaños. Acto seguido, se le dijo adiós al Senado y la Cámara de Representantes se transformó en Asamblea Nacional. 

Kenia se convirtió en un estado unipartidista y KANU reinó en cada elección: 1969, 1974, 1979, 1983 y 1988. Durante este periodo, Kenyatta falleció en ejercicio del cargo en 1978. Daniel arap Moi, quien en 1992, restauró la presencia de partidos múltiples, se convirtió en el sucesor de Kenyatta hasta el año 2002. 

Mwai Kibaki se convirtió en el tercer presidente de Kenia en 2002. Cinco años después, Uhuru Kenyatta respaldó a Kibaki para ganar las fatídicas elecciones del año 2007, cuyo rival era Raila Odinga. Los titulares de los periódicos advertían: "Kibaki se roba las elecciones en Kenia mediante el fraude electoral". Después que Raila Odinga -candidato también en 1997 y 2013- impugnara los resultados, se desató la violencia étnica postelectoral. El espiral violento ocasionó la muerte de 1.200 personas, el desplazamiento forzado de 350.000, violaciones o ataques contra casi 900 mujeres, mientras que 650.000 personas perdieron su hogar. La economía se detuvo. La demanda interna disminuyó a medida que la inversión caía y mientras la interrupción de las rutas de transporte, alteraba la distribución y las cadenas de suministro. La comunidad internacional guardó silencio.


A causa de esta violencia, Uhuru Kenyatta y William Ruto fueron acusados ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad. En diciembre 2014 se cerró el caso contra Kenyatta y dos años después, ocurrió lo mismo con Ruto, alegándose falta de pruebas. 

La crisis postelectoral de 207-2008 dio origen al Acta de Reconciliación y Acuerdo Nacional de 2008. De esto resultó que Odinga se convirtiera en primer ministro y Uhuru Kenyatta su segundo. Bajo la nueva constitución de 2010 - respaldada por un referéndum con un resultado de 67% de votos- las elecciones de 2013 las ganó Uhuru Kenyatta frente a Raila Odinga.

Elecciones repetidas: ¿legítimas?  

El presidente de la Comisión Electoral Independiente y Límites (IEBC), Wafula Chebukati, indicó el domingo 29 de octubre que habían verificado los resultados de 259 de los 265 distritos electorales, recordándose que en 25 distritos de los condados de Kisumu, Migori, Homa Bay y Siaya -donde Odinga tiene apoyo masivo- no votaron luego que la oposición impidió que funcionarios de la Comisión Electoral y de Límites (IEBC) abrieran centros de votación, mientras otros no asistieron por miedo a su seguridad. Mientras tanto, el candidato retirado del partido NASA, Raila Odinga, expresó también el domingo durante un breve discurso en el vecindario Kawangware 56: "Nuestra posición es llevar a cabo elecciones creíbles en 90 días".

El lunes 30 de octubre, la comisión anunció que Uhuru Kenyatta obtuvo 7.483.895 votos (98,27%) de los votos válidos emitidos en las nuevas elecciones. Chebuki ha sido enfático en que los comicios repetidos fueron "creíbles, libres y justas". Esta declaración se realizó sin resultados en 25 distritos electorales. Al respecto, la vicepresidenta de IEBC, Consolata Nkatha, expresó que los votos de áreas que no se celebraron elecciones no afectará el resultado final. ¿La oposición aceptará estos resultados? ¿Qué ocurrirá en Kenia? Las preguntas crecen de forma geométrica, mientras que las respuestas se suceden de forma aritmética... 

Alberto Morales